El billete de mayor denominación apenas sirve para comprar un kilo de
helado, pagar unas horas de estacionamiento o comprar dos combos Premium
en un local de comida rápida. Representa más de la mitad de los papeles
que circulan. El impacto psicológico que genera su "evaporación" en
muchas personas.
Suele decirse que la relación entre la sociedad y la moneda de un país está definida por el tipo y cantidad de billetes que sus habitantes necesitan llevar en el bolsillo.
Es decir, si son de baja denominación, de alta, o si se requieren de muchos o de algunos pocos.
Lo cierto es que resulta llamativo que el billete "más grande" en Argentina, es decir, el de $100, apenas alcance para un viaje de ida y vuelta en taxi desde algún barrio porteño al microcentro.
O, por ejemplo, sorprende que sirva para pagar una estadía de tan solo 24 horas en un estacionamiento de la avenida Corrientes, o dos "combos" premium en algún local de comida rápida.
Ejemplos de este tipo abundan, los hay de toda clase y para todos los gustos. Hablando de esto último, es notorio que para comprar un "kilo" de helado -en cadenas como Persicco, Volta o Freddo- ya se tenga que "desenfundar" uno de $100 para recibir apenas $8 de vuelto.
Aquel que diga "yo invito con una docena de empanadas", por ejemplo en cadenas como Kentucky, debe saber que llegará casi justo si a eso le agrega una bebida.
No hace mucho tiempo era común avisarle al taxista, antes de subir, que no se contaba con cambio. Y se apelaba a su buena onda y amabilidad para ver si éste era capaz de aceptar un billete con la carita de Julio Argentino Roca.
Hoy eso ya no corre más. Incluso, si el viaje es largo, hasta el pasajero se pregunta si le alcanzará.
Fuente: iProfesional.com.
