Primero fue la devaluación de Diciembre del año pasado (2015), lo que aceleró la inflación del primer trimestre de 2016 y erosionó la capacidad adquisitiva de los salarios, porque si bien buena parte de los precios ya estaban fijados a un dólar más alto y es cierto que la economía venía con una inflación mensual del 2%, también es verdad que los aumentos fueron del doble en diciembre, enero y febrero, generando 6 puntos más de inflación.
Para la experiencia histórica argentina, un salto de precios tan bajo en relación a semejante corrección cambiaria que se potenció por la eliminación de retenciones en trigo y maíz, habla del éxito de la salida del cepo, por un lado, pero tampoco se puede soslayar el impacto en los bolsillos.
Luego llegó el turno de la luz; que con un promedio de aumentos en la generación del orden del 300%, combinado con reducción de subsidios, multiplicó algunas facturas hasta por 6 veces … De nuevo, aunque los montos que se pagaban antes eran ridículamente bajos, en comparación con cualquier otro precio de la economía y aun cuando pueda plantearse que es poca plata en relación a otros servicios, como el celular o el cable, no deja de sentirse el sacudón en el presupuesto.
Esta semana, y contrariamente a una estrategia más gradual que parecía haber sido el camino escogido por el Gobierno Nacional, llegó el tarifazo en transporte y al otro día se anunciaron aumentos de gas y agua ... El interior ya venía soportando otros precios para viajar en colectivo o en materia de servicios básicos, pero como se trata de una región donde viven 11 millones de personas, el shock golpea como un terremoto.
El denominador común sigue siendo el mismo; boletos a precios que producto de la inflación de los últimos 9 años habían quedado en valores prácticamente insignificantes, tanto en la comparación con otras ciudades como en relación al verdadero costo de transportar a la gente, y servicios por los que se pagaba en un bimestre menos que un café con dos medialunas.
Pero no es menos cierto que cuando se suman todos los aumentos, representan en promedio cerca de 5% del ingreso de los hogares, con casos en los que, por la combinación de salarios más bajos y la necesidad de tomar más de un medio para llegar al trabajo, puede llegar a significar hasta un 10% de la billetera mensual.
Nobleza obliga, el Gobierno acompaño los aumentos con tarifas sociales generosas que protegieron al menos parcialmente al 20% de la población, pero incluso cuando ese grupo no quede a la intemperie y cuando pueda argumentarse que la mayor parte de la clase media puede pagar los incrementos, me preocupa mucho el segmento de gente que podríamos denominar de “clase media baja”, que sin ser pobre gana menos que el promedio.
Se vienen tiempos de vacas flacas y debemos ajustarnos a los tiempos que se viven, esperando con esperanza que el mañana sea mejor, más que nada por el bien de todos.
