jueves, 14 de enero de 2010

Argentina y Paraguay, realidades similares.


Los dos países hermanos se encuentran pasando momentos de convulsión política, que llenan de incertidumbre el futuro próximo de ambos gobiernos. Cuáles son las causas que llevan a este proceso de titubeo político, y por qué en ambos países se habla de desestabilización. Si bien nunca hay dos procesos políticos que puedan ser caracterizados como iguales o semejantes, si hay veces que se pueden analizar ciertas similitudes entre ellos, sobre todo por los hechos que se van dando en la vida diaria.

La Argentina y Paraguay se encuentran transitando procesos políticos que desde lo conceptual dicen romper con la vieja política y encarar proyectos diferentes a lo que se venían dando con anterioridad. Cristina Fernández y Fernando Lugo, se enfrentan a problemas graves de gestión y políticos, que ponen a sus administraciones bajo la lupa, y que prometen hacer de las próximas semanas y meses, un período complicado para la realidad de ambos países.

El problema central sin duda es político, y se debe sobre todo a los problemas internos que tiene cada uno de los gobiernos, con dos vicepresidentes, como Julio Cobos en nuestro país, y Federico Franco en el Paraguay, que tienen deseos de alcanzar la presidencia de la Nación, por lo que se encuentran realizando tareas opositoras desde adentro del propio gobierno.

La pelea del kirchnerismo con el campo por la Resolución 125 y el famoso voto “no positivo” de Cobos en el Senado, marcaron el final de la “transversalidad” en el gobierno K, y el fin de las relaciones entre la presidenta y el vicepresidente, que no mantienen ningún diálogo, ni siquiera el meramente institucional.

Por su parte, en el Paraguay las relaciones entre Lugo y Franco fueron inmediatamente malas, planteándose una diferenciación de poderes en el vecino país, sobre todo debido a las denuncias de paternidad que recibió el mandatario paraguayo en los últimos meses, y a las actitudes mantenidas por su gobierno, como el acercamiento a Venezuela y el promover juicios contra los asesinos de la dictadura de Alfredo Stroessner, muy criticadas por Franco.

Quienes defienden a Cristina y a Lugo, sostienen que es imposible llevar las riendas de un gobierno cuando desde el interior del mismo se tira en contra, por lo que vienen pidiendo en forma imperiosa las renuncias de Cobos y Franco a sus cargos, y que lo deberían hacer por el bien del país, para que no haya más sucesos de violencia política como los que se vienen repitiendo en los últimos tiempos.

Las precandidaturas a presidentes que ya han dejado emanar quienes ejercen las vicepresidencias en ambos países, abre un dilema ético sobre la responsabilidad que cada uno de ellos tiene desde la faceta institucional en Argentina y Paraguay, poniendo en peligro los procesos votados por la población y los cuales tienen un mandato por cumplir.

Si bien es cierto que la gran mayoría de los inconvenientes a los que han tenido que hacer frente desde la gestión no son responsabilidad de Cobos y Franco, ya que la mayoría de los hechos se deben más que nada a la incapacidad que han mostrado los gobiernos para resolver los problemas centrales de los países, y a la falta de capacidad de diálogo que han mostrado a lo largo de todo este tiempo, la realidad muestra que con sus actitudes y declaraciones a la prensa, ambos vicepresidentes han colaborado a que en Paraguay y en Argentina comience a hablarse cotidianamente de desestabilización.

Desde el oficialismo argentino y paraguayo, se dice a viva voz que tanto Cobos como Franco promueven y alientan acciones desestabilizadoras contra Cristina y Lugo, y que no temen en para este desempeño juntarse con lo peor de la clase política nacional, que llevaron a los dos países a grandes crisis sociales, políticas y económicas a comienzos de este siglo.

La respuesta de los vicepresidentes y de los espacios políticos que alientan sus candidaturas presidenciales no se hicieron tardar, y la misma fue que tanto Lugo como Cristina se encuentran más preocupados en encontrar a sus “enemigos” políticos afuera del gobierno, más que en pensar que las primeras acciones desestabilizadoras provienen desde adentro del propio oficialismo, realizando maniobras que a lo único que tienden es a minar la credibilidad de sus gobiernos ante la población.

La desestabilización es una palabra grave en países como Argentina y Paraguay, que durante décadas estuvieron manejadas por gobiernos dictatoriales que dejaron un triste saldo de desaparecidos, muertes y encierro, que dejaron fuertes deudas con la sociedad, que la democracia incipiente todavía no ha podido dar solución.

Dos realidades políticas las de Argentina y Paraguay, cargadas de similitudes y semejanzas, que hacen prever tiempos difíciles en el corto y mediano plazo para ambos países, lo que puede debilitar las posiciones centroizquierdistas en la región, con dos representantes de este sector, como los son Lugo y Cristina, directamente contra las cuerdas.