En democracia, hay una diferencia entre una reforma política y una reforma para políticos. La primera debiera tener el foco puesto en la gente que vota y tiene que ser representada; la segunda pone el foco en los intereses de los políticos que muchas veces tratan de independizarse de sus representados, poniéndose por encima de ellos. La reforma electoral que el kirchnerismo hizo votar con la mayoría que perdió en Diputados el 10 de diciembre y que antes había perdido en las urnas el 28 de junio es del segundo tipo: una reforma para políticos.
Pensando en la gente, que es la soberana en la democracia, es fácil ver dos fallas serias de nuestro sistema político: la separación que existe entre representantes y representados, y el clientelismo. Para mejorar lo primero, hay que cambiar la lista sábana vertical, ésa que en la provincia de Buenos Aires nos hace votar por 35 candidatos a diputados que nadie conoce y que por eso se sienten liberados del deber de rendir cuentas a sus votantes. Para terminar con el clientelismo, una buena ayuda es imponer la boleta única para todos los partidos -que es utilizada por los argentinos que votan en el exterior-, pues ella permite ir a una elección sin necesidad de tener un ejército de fiscales para evitar el robo de boletas. Creo que los políticos que votaron la llamada «reforma política» no quisieron cambiar ni la lista sábana ni imponer la boleta única, porque el status quo los beneficia. Evidentemente, muchos políticos prefieren que los legisladores respondan a la disciplina del partido que los pone en las listas antes que a sus ciudades y pueblos, y también prefieren el sistema de reclutamiento masivo de punteros y pícaros para manejar las elecciones.
La conclusión es que lo más notable de la reforma política recientemente aprobada es lo que no trata. En relación con lo que sí trata, un aspecto me parece francamente preocupante: que se limiten de manera extrema las posibilidades de publicidad de los partidos, mientras se mantiene la discrecionalidad extrema de los gobiernos para seguir haciendo uso y abuso de la publicidad oficial en campaña, a tal punto que desde el Ejecutivo se están adueñando de los medios (gráficos, radiales) próximamente del Papel prensa y hasta van a crear una empresa oficial de publicidad. En materia de internas abiertas (o «primarias») queda por ver si los punteros de un partido con las internas resueltas no participarán en las internas del adversario.