
La crisis que comenzó hacia fines del 2007 se ha expandido a nivel global, afectando a todas las economías del mundo. Los distintos gobiernos han implementado ortodoxas políticas fiscales y monetarias que, sin embargo, necesitarán de un cierto tiempo para revertir la adversa situación actual. A este respecto basta señalar que, en el último informe del FMI, para 2009 se pronostica una caída del PBI mundial -la primera en la posguerra- del orden del 1%.
¿Cuáles serán los costos que habrá que pagar hasta que la actual crisis comience a solucionarse? La teoría y la experiencia indican que turbulencias económicas de esta magnitud, no se revierten sin antes pasar por serios problemas sociales y políticos. Ahora bien; ¿históricamente, cómo se ha desarrollado este tipo de procesos?. El ciclo siempre se inicia con el inevitable incremento del desempleo que genera la caída en el nivel de actividad. A partir de esta grave situación, comienzan a producirse masivas y continuas protestas sociales por parte de los trabajadores, normalmente acompañadas por otros sectores de la población que aprovechan la situación para reivindicar distintas demandas (educación gratuita, seguro de salud, beneficios previsionales, etc).
Ante la imposibilidad del gobierno de turno de atender en medio de la crisis económica todas las demandas en su conjunto, los disturbios sociales hacen metástasis en lo político: se generan fuertes presiones para lograr sustanciales cambios en las políticas vigentes o, lisa y llanamente, la remoción de las autoridades.Hecha esta síntesis histórica del esquema de extensión de las crisis económicas a las áreas sociales y políticas, cabe preguntarse en qué estadio de este tipo de procesos se halla la economía mundial.
En lo que hace al disparador de los disturbios sociales -esto es, el aumento sostenido de la desocupación- basta mencionar que, en el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se pronostica para finales del 2009 un nivel de desempleo mundial del 7,0%. Este porcentaje implica un crecimiento de la población desempleada del orden de los 50 millones de personas, pasando el nivel total de 180 a 230 millones. Más grave aún: de verificarse este escenario, el total de la población sumergida en la pobreza -ingresos menores a dos dólares diarios-se incrementaría en 200 millones, pasando a un total de 1400 millones de personas; equivalentes al 45% del conjunto de trabajadores en actividad (3100 millones).Con estos escalofriantes números, es fácil de entender porque la segunda etapa del proceso -esto es, los disturbios sociales-ya ha comenzado, tanto en países desarrollados como emergentes.
Los ejemplos cunden por todas partes: Grecia, Rusia, Hungría, Islandia, Reino Unido, Bélgica, y China, por mencionar sólo algunos países, han sufrido últimamente fuertes y crecientes protestas sociales. La última huelga general en la Francia de Sarkozy, con la presencia de más de tres millones de manifestantes en las calles, habla bien a las claras de la magnitud y peligro de este nivel de efervescencia social. Sin embargo, no todo termina aquí.
En efecto, ya han aparecido también las llamadas metástasis de las crisis económicas y sociales en lo político: las recientes caídas de los gobiernos de Islandia, Letonia, Hungría y la República Checa, presionados todos ellos por su presunta falta de respuesta a las demandas sociales, son una clara evidencia de la afirmación anterior.En síntesis. Es claro que el proceso de conversión de la crisis económica en disturbios sociales y eventuales caídas de gobiernos, ya está en marcha. De ahí que sea imprescindible que -a la brevedad- los distintos países desarrollen políticas que no sólo atenúen los niveles de desempleo, sino que también contemplen políticas sociales de contención para aquellos trabajadores que durante el ajuste, indefectiblemente, perderán su trabajo (nada menos que 50 millones de personas!).
A este respecto, llama la atención que a la fecha los distintos gobiernos hayan explicitado los montos que destinarán a sus políticas fiscales y monetarias -que sin duda contribuirán a generar empleo-pero que aún no hayan hecho hincapié en las políticas sociales de contención de los desempleados (sustanciales aumentos de los seguros por desocupación, extensión temporal de su vigencia, etc). Es de esperar entonces que, rápidamente, se tome conciencia de este gravísimo problema. Caso contrario, en el corto plazo, se producirán nuevos y fuertes disturbios sociales y políticos, con todo lo negativo que ello implicaría para la estabilidad mundial y la pronta reversión de la actual crisis.