lunes, 2 de abril de 2012

A 30 años de desmalvinización.


Del heroísmo al abandono, de la gloria al silencio. Recibidos por la puerta de atrás y obligados a callar. Sumando desde la vuelta de la guerra más soldados muertos que los que cayeron en combate en las Islas.

Estoy hablando que pasaron 30 años y para nosotros es como si hubiésemos vivido todo ayer. Es algo que te marca para toda la vida y difícil de olvidar.

Hoy son hombres y ayer fueron jóvenes. Muchos no pudieron volver y dejaron su vida en el campo de batalla. Sin embargo, la falta de reconocimiento es la peor herida que sufren estos verdaderos héroes.

La desmalvinización pegó muy hondo por todo lo que han tenido que vivir y aún se sigue esperando el famoso reconocimiento, que tiene que ver puntualmente con lo social.

Todavía hay muchos veteranos que necesitan una primera atención a pesar de que hayan pasado 30 años de la guerra. Esto es un déficit y hay que responder a ello no como si fuese una necesidad del pasado sino del presente.

Los que pudieron volver, no tuvieron la mejor recepción, aunque lo correcto es decir que ni siquiera tuvieron una recepción. Debieron regresar al territorio continental por la puerta de atrás, bajo un silencio cómplice.

Las fuerzas argentinas, en su mayoría, hicieron las cosas muy bien. Se luchó con mucho valor, hubo varias acciones destacables. Eso es lo que todavía la gente no advirtió y forma parte de la desmalvinización.

La falta de reconocimiento vino del Estado. Cuando llegaron los héroes al continente a partir de junio de 1982, en las mismas unidades militares los tuvieron cautivos, prisioneros. Ellos lo único que buscan es el reconocimiento y piden un desfile de regreso, que aún no pudieron tener.

Tuvieron que pasar justo tres décadas para que se los reconozca como verdaderos héroes. Yo más que héroes diría la palabra patriotas porque a mí me enseñaron que así se llama al que da la vida por la patria.

Los veteranos todavía no han tenido ni siquiera una revisión médica y esas juntas médicas corresponden que sean organizadas por el Ministerio de Salud.

El silencio fue la manera más aberrante de salir de un conflicto como el que fue Malvinas. Se perdió la batalla, pero se podría haber respetado el honor y todo lo que está gente hizo. Uno puede tener mil miradas diferentes con respecto a la guerra, pero la realidad es que un grupo de hombres que estuvo ahí dio todo por este país.

Un total de 649 soldados murieron en Malvinas, 1300 desde la vuelta de la guerra, más de 500 por suicidios. No son simples números, son víctimas mortales del olvido.

Pasaron del heroísmo al abandono y si no se cayó en el abandono total es porque los mismos veteranos de guerra se han organizado y siguen luchando por esta causa.

A pesar de las diferencias en todo aspecto entre ambos bandos y de las acciones de Estados Unidos y Chile contra la Argentina, la mayoría de nuestros soldados no quiso rendirse.

Los argentinos no nos enfrentamos solamente con Gran Bretaña, sino también con Estados Unidos y Chile, que le pasaba información permanente a los británicos y hacían movimientos de tropa para distraernos.

La dictadura cívico-militar los recibió mal porque fueron la cara de su derrota. Por otro lado, los que no estaban de acuerdo con la dictadura los veían como víctimas de la dictadura, pero no podían separarlos de ella.

Había una cuestión de una sociedad muy vinculada al éxito, confundiendo una guerra con un mundial de fútbol, donde se ganaba o se perdía. Los chicos representaban a la derrota en una guerra que era imposible ganar a pesar del discurso oficial porque era contra Estados Unidos y toda la OTAN. Se confundieron las cosas y cuando los chicos volvieron se creyó ver en ellos la imagen de la derrota, cuando eran víctimas. Se los maltrató, se los dejó sin trabajo, hubo muchísimos suicidios por la depresión provocada. Hay muchas cosas que no tenemos que olvidar de ese horror y me parece oportuno que estemos revisando estas cosas.