
Varios miembros quieren seguir bajando las tasas pero otros no. El banco central replica el “choque cultural” que ya se da dentro del continente, entre una Europa protestante (que reúne a los países del Norte) y proclama el rigor frente a una Europa católica y mediterránea más proclive a abrazar la flexibilidad. En la reunión de este jueves, se verá qué bando termina imponiéndose .
Quien haya tenido la oportunidad de viajar a Europa en estos últimos meses podrá confirmar el ambiente de angustia y preocupación que se vive por estos días respecto de cómo enfrentar la recesión económica que ya afecta a todo el continente. Con 14 millones de desempleados y una caída del PIB del 6,1% anual en el primer trimestre de 2009, esta situación de incertidumbre se traslada incluso a quienes tienen que tomar las decisiones de política económica para salir de la crisis. En el seno del Banco Central Europeo (BCE), organismo que dirige la política monetaria de la Unión Europea (UE), crecen las divergencias sobre qué camino seguir.
Por un lado se ubican las “palomas”, que forman el grupo de funcionarios que recomiendan seguir adelante con la reducción de la tasa de interés de referencia (hoy se ubica en el 1,25% anual), como forma de impulsar el crédito y el consumo. Mientras que quienes se oponen a esta flexibilización de la política monetaria (los “halcones”) creen que es preferible conservar cierto margen de maniobra con la tasa para situaciones extremas que, según ellos, todavía no han sucedido. Este debate está alcanzando su clímax por estos días, porque la próxima reunión del BCE será el 7 de mayo, cuando se conocerá la decisión respecto de la política monetaria a seguir.
El debate no es menor, porque la UE vive una desaceleración mucho más profunda que la crisis petrolera que atravesó en los años ’70: el desempleo ya afecta al 9% de la población, (14 millones de personas, con situaciones muy complejas como en España, donde ya hay 4 millones de parados) y un producto bruto que cae irremediablemente. Entonces se trata de decidir cómo evitar que la recesión se transforme en depresión económica y que la reactivación tarde menos en llegar, a riesgo de impulsar la tasa de inflación si se alimenta demasiado la recuperación de la economía desde el BCE.
Dos bandos.
Como sucede en todos los bancos centrales del mundo, no existe una única postura dentro del comité encargado de definir la política a llevar adelante. En el caso del BCE, el Comité Ejecutivo está compuesto por 6 miembros, quienes se dividen entre ortodoxos o halcones, preocupados por el control de la tasa de inflación, y heterodoxos o palomas, más inclinados por cuidar el crecimiento económico. Estos dos bandos se replican también dentro del Consejo de Gobierno del organismo, que reúne a quienes forman parte de este Comité más los gobernadores de los bancos centrales de los países de la zona euro.
Y lo que se puede apreciar respecto de si el BCE va a seguir bajando su tasa de interés o no, es que entre sus miembros se replica el “choque cultural” que ya se da dentro del continente, entre una Europa protestante (que reúne a los países del norte, como Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia y Suecia) a favor de la disciplina y el rigor en materia monetaria, frente a una Europa católica y mediterránea (Francia, España, Italia, Portugal y Grecia), más proclive a la flexibilidad y a dar ciertas concesiones en sus medidas de política.
Para los analistas, quien lidera el bando de los halcones dentro del Comité Ejecutivo es el alemán Jürgen Stark, secundado en el Consejo de Gobierno por su connacional Axel Weber, presidente del Bundesbank, quien recientemente sostuvo que el BCE “todavía tiene margen” para reducir la tasa, pero nunca por debajo del 1%.
Esta postura es compartida por la austríaca Gertrude Tumpei-Gugerell, el luxemburgués Yves Mersch, el holandés Nout Wellink y el finlandés Erkki Liikanen.
El presidente del Banco Central de Austria, Ewald Nowotny, otro miembro del Consejo enrolado en las filas de los halcones, sostuvo recientemente en una entrevista que ‘personalmente soy escéptico de las tasas en cero. Uno tiene que ver el panorama completo de las tasas de interés, no sólo a la principal tasa del BCE. Y acá hay un límite de 1% que en mi opinión no se debería cruzar‘.
Este discurso cae como una patada en el hígado de los funcionarios del BCE que provienen del sur de Europa, donde más ha golpeado la crisis económica, en gran parte porque durante los años de crecimiento económico, el control de las cuentas fiscales fue más laxo.
El español Miguel Angel Fernández Ordóñez, el portugués Víctor Manuel Ribeiro y el francés Christian Noyer son algunas de las palomas que preferirían ver la tasa de interés por debajo del 1%, al igual que sus homólogos de la Reserva Federal estadounidense.
Por encima de todos ellos navega el francés Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, quien es considerado por muchos como neutral, aunque siempre ha sido muy enfático en defender la política monetaria como herramienta para contener la inflación.
El próximo jueves 7 se conocerá la nueva decisión de política monetaria del organismo. Si bien hay consenso entre los analistas sobre la posibilidad de que la tasa se reduzca al 1% (desde octubre de 2008 fue recortada en 300 puntos básicos), la probabilidad de que pase por debajo de este nivel es mucho menor. A pesar de que la crisis se profundiza en la UE, los halcones estarían ganando la partida.