
Las compañías no lo dicen on the record pero la mayoría lo reconoce extraoficialmente. Tienen orden de las casas matrices para comprar billetes verdes y estirar la cadena de pagos.
La orden es precisa: compren dólares y estiren los pagos. Los que indican tales deberes a cumplir son los Ceo’s o las juntas directivas de las grandes empresas, muchas de ellas multinacionales, pero con sede en la Argentina.
La lógica de los empresarios radica en que los costos de no estar calzado con el dólar existen. Sólo a modo de ejemplo y de acuerdo a los resultados de sus balances anuales de 2008, Petrobras perdió por diferencia de cambio $ 170 millones el año pasado. Y Transportadora de Gas del Sur (TGS), $ 35,3 millones.
En ambos casos, el grueso de las pérdidas por devaluación ocurrieron entre septiembre y diciembre de 2008, cuando se desató la crisis internacional.
Hay más: esta semana, el peso se devaluó 5 centavos, y aunque la Argentina acompañó lo que pasó en el resto del mundo, tal situación es una muestra más de que la decisión de los empresarios puede ser acertada. Sobre todo, si la consigna es no perder valor. Pero claro, como siempre pasa en la Argentina, las empresas que suelen ser beneficiadas por recibir efectivo por la venta de sus productos, ante una situación de reacomodamiento del tipo de cambio, lo primero que hacen no es sólo protegerse para no perder, sino que tratan de ganar a costa de los proveedores. Dentro de los ganadores se encuentran sectores como los supermercados y las casas de venta de comida rápidas, entre otros. Del otro lado, están las compañías que abastecen a dichos sectores.
“Desde el año pasado, los plazos de pago comenzaron a estirarse. El momento más crítico fue a mediados de 2008, cuando la crisis del campo estuvo en su punto más álgido. Luego la situación mejoró y ahora volvió a recrudecer”, explicó a este diario una empresa proveedora de supermercados.
Los plazos de pagos, según un promedio realizado por El Cronista entre 10 grandes empresas, pasó de 90 a 120 días.
De todos modos, la principal fuente de financiamiento de las compañías no es a través de los proveedores (estirando la cadena de pagos), situación que tampoco tuvo una variación significativa durante los últimos doce meses. De hecho, según el Estimador Mensual Industrial (EMI), a principios de 2008 el 19,2% se financiaba a través de proveedores. Hoy, de acuerdo a enero (último dato oficial), por esa vía lo hacen 17,4% de las firmas.
Pero compren o no dólares de algo quedan pocas dudas: las empresas están cambiando la forma de financiarse, temerosas, entre otras cosas, de lo que ocurre en las finanzas mundiales. Es así como casi desapareció el financiamiento con fondos propios. Mientras que hace un año el 26,3% recurría a su caja, ahora apenas lo hace el 3,8%. Como contrapartida se disparó el financiamiento a través de bancos locales. Ese ítem pasó de 46,1% en 2008 a 78,6% en enero pasado.
Tal situación puede demostrar dos estados: o que las compañías, ante una situación de crisis internacional, prefieren quedarse con la caja y pasar el riesgo a los bancos locales, o que la menor entrada de divisas en las arcas de las compañías hace que éstas utilicen a las instituciones financieras para descontar cheques o financiarse con descubierto de la cuenta corriente.
Reservas.
Para controlar al dólar el Gobierno liquidó u$s 3.500 millones de reservas en un año. En el mercado aseguran que tal situación no es preocupante porque el BCRA aún cuenta con cerca de u$s 47.000 millones. Por otra parte, las empresas para atesorar dólares no pueden comprar más de u$s 2 millones mensuales. Claro, que no tienen límites para comprar dólares si demuestran que tienen que cumplir con pagos en el exterior.