martes, 17 de marzo de 2009

El crac financiero, ayer y hoy.


En 1929 el mundo se sumergió en la peor crisis del siglo; a 80 años de aquellos días, la economía internacional vuelve a temblar.

A 80 años del crash de Wall Street y el comienzo de la mayor depresión del último siglo, las comparaciones con la incipiente crisis económica global son inevitables, aunque aún sea prematuro intentar determinar cuál será su intensidad real o analizar su duración y su alcance.

La crisis actual parece contener similitudes con muchas de las pasadas grandes turbulencias, aunque combinada con elementos nuevos. Algunos de ellos provenientes de la propia complejización del sistema financiero, sumados a la fuerte intervención estatal, producto de las enseñanzas dejadas por otros períodos críticos.

La intensa contracción del producto y el comercio de las principales potencias económicas y su impacto sobre los países emergentes, la ralentización del crecimiento de los precios o la deflación, la reaparición de medidas proteccionistas de las naciones -como intentos de no empeorar sus saldos comerciales- son algunas de las indeseadas consecuencias ya sufridas en otros contextos, con variadas intensidades. Esto se suma a la aparición de complejos instrumentos financieros que pusieron en evidencia problemas estructurales en los sistemas bancarios.

Dentro de este panorama, la principal diferencia con la mayor crisis sufrida por el capitalismo se centra en que "ahora sí se empiezan a tomar las políticas monetarias contracíclicas para evitar la recesión y su prolongación en una depresión", según advirtió el profesor emérito de la Universidad de San Andrés Roberto Cortés Conde.

"Pero ahora que se están implementando las medidas necesarias, sigue siendo dudoso el alcance de estas políticas. Con la visión histórica de lo que pasó en los años 30, están actuando rápidamente a contramano de la inacción pasada, pero por ahora no se ve que esto surta mucho efecto", agregó.

En los Estados Unidos, los precios minoristas mostraron una nueva tendencia desde el comienzo de la crisis y cayeron consecutivamente en los últimos cinco meses de 2008, avivando los temores de deflación, como se registró en la Gran Depresión. Cortés Conde asegura que los precios no experimentarán mayores variaciones por la compensación entre el gran aumento de la demanda de dinero y la masiva ampliación de la oferta. "Si la oferta de dinero se multiplica como lo hizo, uno esperaría que suban los precios, pero hay una enorme demanda de liquidez, que aumentó igual que la oferta, y eso mantiene los precios", indicó el especialista en historia económica.

"La crisis del 29 duró cuatro años en su primera fase, todo el gobierno de [Herbert] Hoover. Se había formado una burbuja especulativa financiera y para contrarrestarla no se les ocurrió nada mejor que subir las tasas y restringir la liquidez", analizó el economista de Fimades Luis Palma Cané. Así, agregó, "terminó la burbuja pero todo llevó a una recesión terrible. Después llegó Roosevelt y con él las políticas keynesianas, pero el empujón final para salir de la crisis lo da la Segunda Guerra Mundial".

También destacó la velocidad de expansión con la que actúa el fenómeno en la actualidad: "A diferencia de lo ocurrido en el ´29, hoy la crisis es global desde el día siguiente a su comienzo".

Para Palma Cané, las políticas implementadas por la Reserva Federal y el Tesoro de los Estados Unidos son adecuadas. "Hicieron lo que hay que hacer. Diseñaron políticas diferentes y adecuadas a las pasadas. En vez de retringir la liquidez y subir tasas, se hizo lo contrario", analizó.

El economista señaló que la aparición de medidas proteccionistas en la actualidad son una coincidencia entre ambos períodos y algo que debe tratar de evitarse. "Ese tipo de medidas son las que hicieron que la Gran Depresión dure más. La teoría indica que el comercio internacional acorta la crisis, si bien en un primer momento puede complicar un poco la situación, a mediano plazo la alivia", destacó.

Consecuencias.

El desempleo fue otro de los grandes dramas producidos por la crisis desatada en octubre de 1929. El índice, que ese año se situaba apenas por encima del 3% en los estados Unidos, se disparó por encima del 8% en 1930 y rozó el 25% en su peor momento, 1933.

El avance de la proporción de ocupados respecto de la población activa también es un problema en la actualidad. La tasa, que rondó el 4,5% durante todo el 2007, se ubicó en 4,8% en febrero de 2008 y trepó hasta el 8,1% -nivel que no alcanzaba desde fines de 1983- en el mismo mes de 2009, según informó recientemente el Departamento de Trabajo estadounidense.

Al respecto, Palma Cané aseguró que la cifra no llegará a los niveles que experimentó durante la Gran Depresión, por las activas políticas estatales que harán que "todo sea más suave", según el economista.

En general, todos los indicadores de la economía mostrarán caídas más moderadas, para el especialista: "Es impensable que el PBI vaya a caer un 35%, el nivel general de la bolsa un 75% y el desempleo llegue al 25%. Los desempleados llegarán a lo sumo al 10%", dijo. Y añadió que las políticas que se están diseñando son las adecuadas, pero que "ahora hay que implementarlas eficazmente y coordinadamente con todos los países".

Palma Cané consideró que, si se aplican las medidas de manera eficaz, el comienzo de la salida de esta crisis en los Estados Unidos "no debería extenderse más allá de fin de año".

"Desde septiembre hasta ahora, la Fed y el Tesoro han hecho de todo para evitar la recesión", señaló, por su parte, Cortés Conde. "Bernanke hizo lo contrario a lo que se había hecho en el 30. Inyectaron mucha liquidez en el sistema, pero hoy el problema tremendo es el miedo. El interrogante es la solvencia de los bancos, en un momento en que todos los instrumentos monetarios ya se usaron", añadió.