martes, 13 de enero de 2009

Modelo para profundizar.


Pueden estar contentos aquellos que tanto militaron para que esto ocurriese. Es decir, para que el Gobierno no tuviese un instrumento de política económica que consideraba pertinente. Pueden compartir la alegría con “los mismos de siempre”, aquellos que hoy tanto se solazan tras haber impuesto (otra vez, y van…) sus intereses particulares al conjunto de la sociedad. Pueden estar contentos, como siempre que logran que buena parte de esa misma sociedad asuma como propios esos intereses, por más que vayan en contra de los propios. Y, más temprano que tarde, se los termine padeciendo. Pueden estar contentos, y están en su derecho. Pero también deben saber que al que hoy subestiman (y al que ayer nomás llamaban hegemónico) es un gobierno con las agallas suficientes para superar el traspié y convertir un camino que se cierra en un nuevo desafío.


El Gobierno lo tiene claro: lo que se necesita es profundizar el rumbo. Asumiendo los errores, claro. Dándose la necesaria introspección, también. Con espíritu crítico, por cierto. Pero debe profundizar el rumbo, porque el suyo es el único proyecto progresivo que hoy tiene la sociedad argentina. Porque con su suerte se edifica la suerte de millones de argentinos, sobre todo aquellos más necesitados. Los que necesitan un Estado que los proteja y les genere las condiciones básicas para ser parte. Eso, ser parte del país al que pertenecen pero que le niegan los sectores más mezquinos. Por eso debe profundizar el rumbo, porque es con más distribución del ingreso, con más Estado, con más memoria histórica que se revierte la tragedia que significó para el país tres décadas de políticas depredatorias para los intereses de todos


Podrán defeccionar otros, pero no la veo defeccionando a Cristina. Menos, renegando de su compromiso para construir un país más justo. Ella tiene en claro que la etapa de Néstor fue crear puestos de trabajo. Se crearon las condiciones macro y de crecimiento para lograr un imposible: 3.500.000 de nuevos puestos de trabajo y sus respectivos sueldos. Eso está medianamente encaminado.


Ahora a ella le toca la lucha por la redistribución. No podrán torcerle el brazo, por más esfuerzo que hagan. Está convencida de que sus objetivos son nobles y no desfallecerá hasta conseguirlos, respetando siempre las normas, las instituciones, pero no cejando para que en este país, luego de tanto tiempo, la voluntad popular tenga su peso. Y esa voluntad popular, mal que les pese a muchos (que son, en definitiva, unos pocos), la puso en el lugar que hoy ocupa para que el cambio siga su senda, para que el modelo de sociedad que nació en el 2003, cuando se salió de la crisis más profunda que vivió nuestro país, adquiera nuevas formas, nuevos logros, nuevos contornos. No seremos pocos los que estaremos a su lado para acompañarla en el desafío.